San Felipe, Septiembre de 2009.
Sobre el Trabajo Voluntario
“Seamos realistas, exijamos lo imposible”.
Toda revolución debe ser productora de mujeres y hombres nuevos como los llamó el Comandante Guevara; o de bienaventurados(as) como los llamó Jesús, el gran predicador de Nazaret. Es el objetivo profundo, hermoso, poco visto en la historia humana. Plantearse una nueva forma de vida sobre el planeta tierra a punto de sucumbir por la perversidad del dominio capitalista es una tarea eminente. Vale la pena una revolución verdadera desde ya, sino los que heredaran nuestros nietos y demás descendientes serían las ruinas de un mundo en donde se soñó con esperanzas, con el sueño de las nuevas alamedas, que poco a poco veremos arrumadas en el horizonte.
Una revolución verdadera es exigirnos lo imposible o el inventar a diario de nuevas formas de relacionarse o de vivir. Una revolución es eso: algo que valga la pena vivir, algo que valga la pena dejarle como herencia a los que vendrán después. No es una caricatura del capitalismo ni una caricatura de las cosas maravillosas que los humanos han producido a través de los tiempos. Una revolución es la aventura magnifica de llegar a los cielos a través del esfuerzo humano. Es librar un combate contra la costumbre de depender de las migajas de los poderosos.
Una revolución no es darle poder al pueblo sino orientarlo a través de la practica revolucionaria a que conquiste con sus esfuerzos, con sus luchas, con sus alegrías, con sus combates y cantos el poder, para oponérselos a las formas antiguas de dominación que en nuestro caso está representado por el imperialismo norteamericano y sus lacayos representados políticamente por la oposición.
Entre los esfuerzos para trazar los rumbos revolucionarios verdaderos está el trabajo voluntario, lleno de mística, de alegría, de mejor buena intención. Como no es remunerado salarialmente se convierte en algo que no es trabajo. Y por eso debe ser profundamente creador. Profundamente universal y solidario. Profundamente alegre y hermoso. Profundamente revolucionario.
En nuestro continente, fueron memorables las grandes jornadas de integración revolucionaria que el “Che” Guevara le daba a todas las etapas del combate contra el ejército de Batista. Pero antes el gran conductor del pueblo chino durante su liberación el camarada Mao Tse Tung asombró al mundo con un ejército que marchaba e iba produciendo con el trabajo voluntario y creador a su paso por las grandes comunidades del campo chino, de ese inmenso país que se iban encontrando en esa larga marcha indetenible hacia la toma del poder.
Aun está fresco en nuestra memoria las arengas a incorporarnos como voluntario a las jornadas de trabajo que convoca el “Che” en la Cuba de los años tempranos de la década del 60 predicando con su ejemplo en los cortes de caña donde sudoroso lo vemos cumpliendo con la jornada. Con la alegría dibujada en el rostro; o cargando sacos de azúcar, de cereales en los largos vagones de los viejos ferrocarriles.
Ello no es un invento de las vanguardias revolucionarias, es una práctica solidaria de los pueblos en los momentos de emergencias o ante las amenazas naturales que acechan peligros eminentes.
Jornadas extraordinarias de trabajo voluntario para resolver necesidades públicas es un asomo del potencial socialista que tienen los pueblos en su voluntad interior y deben ser práctica de mucha enseñanza dentro de las vanguardias políticas que las predicamos. El momento concreto de apertura de clases hacia donde marchan nuestros niños nos señalan el escenario natural para ejercerlas: nuestras escuelas antes del inicio de clase o en estos primeros inicios de ella. Limpieza, pintura, remiendos, desmalezamientos son tareas que esperan por nosotros después vendrán otras como las de salud, como las de seguridad, de embellecer el medio donde vivimos, como las deportivas, y como las del sacrificio incluso para no permitir que el imperio conviva en la rutina de nuestra vida.
El trabajo voluntario al lado de nuestros amigos, de nuestros camaradas, codo a codo con la comunidad donde se realice nos educará en grandeza, y veremos que si es posible hacer una revolución siempre y cuando seamos capaz de renunciar a la mezquindad individual en la cual el capitalismo nos utiliza para convertirnos en instrumento de su perversidad.
Para el comandante Guevara en homenaje al cual escribimos estas líneas “lo importante es que una parte de la vida del individuo que se entrega a la sociedad sin esperar nada, sin retribución de ningún tipo y solamente en cumplimiento del deber social”.
La presencia de fuerzas imperiales en Colombia en 7 bases militares es un aviso para que en estos lados de la patria ensayemos las modalidades de trabajo voluntario que los momentos no exigen. Para que nuestras vanguardias tengan una preparación integral y transmitirla con sabiduría al pueblo que espera por nosotros. Como debe ser.
Dimas Petit
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